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El Tribunal Supremo ha dictado que el grooming, un método de ciberacoso en el que una persona adulta coarta a una menor de edad a través de internet para conseguir imágenes sexuales, es agresión sexual. Hasta ahora, la distancia física evitaba que los agresores fueran condenados, pero con la última sentencia del Tribunal Supremo, esta actividad se considera parte de estos delitos.

El magistrado Javier Hernández, en la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, ha dictado que la distancia física entre víctima y agresor no evade de las características de un delito de agresión sexual, pues el victimario, mediante la intimidación, “atenta contra la libertad sexual de la víctima en un escenario, el de las redes sociales, con mayor impacto nocivo y duradero”.

Este acontecimiento es histórico, por primera vez en España, un magistrado dictamina que el delito de agresión sexual no exige acción directa y física. El Tribunal Supremo ha sentenciado que hay que proteger “la libertad de autodeterminación personal proyectada sobre el derecho de toda persona  a decidir cuándo, cómo, con quién y a quién mostrar su cuerpo o manifestar su sexualidad o deseos sexuales”. Debido a que esto es lo que defiende el Código Penal, deben tenerse en cuenta también “la agresión a distancia y en línea”.

Además, la sentencia del magistrado Javier Hernández también recalca el peligro de las redes sociales, que se han convertido en un “potentísimo instrumento de intimidación” y ha multiplicado la accesibilidad al abuso sexual.  Además, señala que el ciberespacio “fragiliza los marcos de protección de la intimidad” y hace a las personas más vulnerables y, “por accesos indebidos a sus datos personales, pierden de manera casi siempre irreversible el control de su vida privada”.

Esta sentencia se ha dictado por un caso  en la provincia de Valencia en el que, un adulto, se hizo pasar por una chica menor de edad y contactó con la víctima de 12 años. Le envió una foto de una menor de edad desnuda y le advirtió que tener esa foto era delito, por lo que ella debía pasar otra foto desnuda si no quería que la denunciara. La niña cayó en la trampa y accedió y, tras la primera foto, el acusado la amenazó con hacerlas públicas si no continuaba con más envíos. La Audiencia Provincial de Valencia sentenció un delito de corrupción de menores, pero el Tribunal Supremo ha dictaminado que es agresión sexual.

Qué es el grooming

El grooming es un método de acoso y abuso sexual sobre menores. Según explica Save The Children, este delito sucede cuando una persona adulta se pone en contacto con una menor de edad para ganarse su confianza y, poco a poco, involucrarla en una actividad sexual.

El agresor crea un vínculo de confianza con la víctima, tratando de comportarse como su amigo y, normalmente, haciéndose pasar por alguien de su misma edad.  El agresor crea este lazo y la aísla de sus familiares, generando confidencialidad. Entonces comienza a introducir connotaciones sexuales hasta que consigue que la víctima acceda al envío de fotos o, en algunos casos, a tener un encuentro sexual.

Una vez el agresor consigue el material sexual de la víctima, es común que le exija más fotografías y/o vídeos  para no difundir este material entre sus conocidos a través de internet.

El 20% de los jóvenes ha sufrido grooming

El ciberacoso sexual es mucho más común de lo que pensamos. Según el informe de Violencia Viral de Save The Children en el que encuestaron a 400 jóvenes de entre 18 y 20 años, uno de cada cinco ha sido víctima de grooming. Además, un 15% afirmó que ha sufrido este tipo de agresión sexual en más de una ocasión.

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